Jesús es la
encarnación de la bondad y misericordia del Padre. Su persona y lenguaje
proporciona un verdadero encuentro del ser humano con la misericordia de Dios.
Él nos
enseña a pedir, pero nos recordaba en otro pasaje: “ vuestro Padre sabe... bien antes que pidais”. Esto quiere decir
que la primera actitud de quien cree, es la del reconocimiento de la solicitud
divina y la total confianza en su bondad
y misericordia. Antes de todo, ya existe un movimiento de Dios para con
nosotros, capaz de penetrar las raices más profundas de nuestro ser, invitando
a la conversión. Por lo tanto, el reconocimiento de esta solicitud divina debe
estar en la base de nuestra experiencia filial. Solamente después de esto, es
que debemos dar el segundo paso, que es la petición.
Como hijos
e hijas, debemos dirigirnos al Padre con confianza insistente, con la seguridad
de que mucho recibimos y que solamente es posible recibir cosas buenas. La
confianza debe ser ilimitada, así como es ilimitada la solicitud de Dios para
con nosotros. Esta actitud está en la base de nuestra espiritualidad calabriana
(según San Juan Calabria) y así debe suceder en nuestra oración personal y
comunitaria.
Aunque
Jesús en este texto mencione que somos malos, reconoce señales de bondad en
nuestras acciones y decide trabajar con lo mejor de nosotros. Así, nos
reconocemos pecadores, pero no somos un caso perdido, pués somos pecadores
redimidos por la misericordia de Dios y llamados a la salvación. Eso quiere
decir que ya fuimos alcanzados por Dios en su misericordia, bien antes de
mostrarnos necesitados de ella. Es fiel aquel que promete. Por lo tanto, fe en
su providencia, confianza ilimitada en su bondad y misericordia.
Pe. Degaaxé
Tradução: Nómade de Dios.
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